martes, 31 de marzo de 2009

ORGULLO Y FAMILIA



Quería escribir sobre el acto del domingo en homenaje a todas las victimas de fascismo, en conmemoración del final de la Guerra Civil, de cómo las asociaciones LGTB nos hemos sumado por primera vez a este acto para que el olvido no olvide a los y las más olvidadas, pero durante el mismo me ha ocurrido algo muy personal, algo que me hace mirar años atrás y recordar aquella carta que publiqué llamada “los mejores padres del mundo”.


Entonces desde el Colectiu Arco convocamos una concentración tras una agresión a unos jóvenes gays en Alicante –nuestro querido Toni- y allí apareció mi madre para mostrarme con su presencia el abrazo más tierno, la solidaridad frente a la violencia de los intolerantes. Hoy ha ocurrido algo similar. Me encontraba en el puerto - junto a las asociaciones LGTB de Alicante DecideT, la Coordinadora LGTBQ de la UA y mi asociación, Suma Igualtat- recordando a aquellos que salvaron la vida de cientos de ciudadanos y ciudadanas que tuvieron que salir de España amenazados por la soga del fascismo, cuando aparece mi padre.


Mi padre, una persona no política, una persona que nunca se ha caracterizado por participar en actos de este índole –ni políticos ni LGTB-, pero sobretodo eso, mi padre, un padre con un corazón enorme, con un alma grande, un compromiso y admiración por su ciudad y su pueblo, por la cultura inmensurables. Mi padre, un demócrata. Un padre que siempre me hace recordar con su manera de ser que he tenido la suerte de tener los mejores padres del mundo, aquellos que me han enseñado el valor de la cultura, la solidaridad, el compromiso, la valentía en defensa de mis derechos cívicos y –ya que soy católico- la fe, aunque eso algunos no lo entiendan.


Quiero darle las gracias públicamente –en privado ya se las he dado-. Darle las gracias por estar a mi lado en este homenaje, por cada día, por enseñarme el valor del ser humano. Frente a aquellos que piensan de manera cerrada en lo que es una familia solo puedo decir que familia es estar al lado de los tuyos, quererlos y aceptarlos como son, no juzgarlos –y lo digo desde mi compromiso cristiano-. Quiero hacerlo animando a todas las madres y padres que saben que pueden hacer algo más para hacer sentir mejor a sus hijos que aun sufren por la homofobia haciéndoles saber que por encima de todo son eso: sus hijos e hijas... digan lo que digan las mentes obtusas y que no tienen nada de qué avergonzarse.


He titulado esta carta Orgullo y Familia. Familia, a mi lado. Orgullo pues tras unos meses difíciles para mí en el plano personal y gracias al apoyo de mis grandes amigos y amigas y gracias a mi familia he recuperado eso que en su momento perdí, el orgullo de ser, amar, sentir y no avergonzarme de hacerlo. Sentir aunque a veces duela, amar aunque a veces nos equivoquemos y podamos hacer daño y podamos perder aquello que más queremos. Y orgullo por trabajar por una sociedad en que la intolerancia no sea la consigna, sino que el respeto a la diversidad sea el motor de la convivencia.


Gracias a todas y todos los que han participado en el acto, gracias a mis padres por ser como son, por hacerme sentir orgulloso, por darme la valentía. Gracias como no a las asociaciones LGTB y a Daniel por lo bien que nos ha recibido la Comisión Cívica, y un pitido a aquel que en un ascensor me preguntó ¿Qué que sabía yo de memoria histórica?... Sé que la vergüenza no se borra, sé de los versos de Lorca, sé de las palabras de Alberti y veo en los ojos de las víctimas del fascismo aquello que debo saber: que la muerte por ideas políticas, que el asesinato por la forma de amar nunca serán aceptables en una sociedad de progreso.

Josep Fuster i Ortuño

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